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lunes, 7 de agosto de 2017

CAJAMARCA Y JAUJA


Tito Zegarra Marín
He tenido la oportunidad de estar en Jauja (Junín) y, por razones de trabajo, visitar comunidades de las microcuencas de los ríos Seco y Apahuay, conformantes de la cuenca del Mantaro. Al saber que haríamos esta visita, adquirí la estupenda novela País de Jauja del autor Edgardo Rivera Martínez y de veras me cautivó, casi me trasladó por adelantado a su bello escenario paisajista, histórico y costumbrista.

Jauja tiene que ver algo con el aventurero Francisco Pizarro, pues éste, después da acabar con Atahualpa en Cajamarca y apropiarse de sus tesoros, se enrumbó con dirección sur hasta arribar a esa enorme meseta andina, regada por el río Mantaro, de excelente clima y en condiciones de convertirse en una gran ciudad. La consideró por eso, como la capital del futuro Virreinato que luego la mutaría a la región costa (Lima).

Al viajero sorprende la inmensidad del valle Mantaro y su alta capacidad productiva y comercial que lo convierte en una de las principales despensas de productos agrícolas y ganaderos de la capital limeña. Pero sorprende también, el universo de eucaliptos que cercan sus pequeños y medianos predios dándole un toque verde inmarcesible.

Las colinas que rodean al valle concentrantierras aptas para la agricultura y reforestación, aunque la mayoría permanecen sedientas de agua no obstante las lagunas que se extienden por sus cumbres. Edgardo Riveranos habla de ellas, en especial de las 7 lagunas de Janshiscocha, de las cuales solían salir 2 serpientes (amarus) aladas, una blanca y otra negra, y donde florecía el Sullawaita, flor del rocío, de la escarcha y la lluvia y siempre relucía el Tulumanya, el arcoíris.

Pero Jauja o xauxa, nombre que debe provenir de España donde existe una ciudad de igual nominación, tiene algo de Cajamarca. Sus valles, siendo similares, casi únicos en el país y de gran valor turístico, están siendo devorados por el cemento y ladrillo sin que nadie haga algo por detenerlo. Dentro de poco, esas sábanas verdes y bellas solo quedarán en el recuerdo.

Entre otras cosas, sentimos que Cajamarca no haya cultivado su folclor. En Jauja y demás provincias huancas, la práctica de ese arte tradicional es admirable. El Huaylas, la danza Santiago y la Tunantada, son como sus himnos, se lo canta y baila plenamente. No son pocos los visitantes que, a la par que disfrutan de esos ritmos, creo esperan que su benévolo clima que antes combatía la TBC,  hoy, lo haga contra el asma.

Vista parcial de El Valle del Mantaro

El nevado de Huaitapallana, 
visto del mirador de Apata


Iglesia principal, Jauja


*Articulo preparado para el diario Panorama Cajamarquino
 

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